viernes, 20 de septiembre de 2013

ENTREVISTA A JUDITH BUTLER Y BEATRIZ PRECIADO

ENTREVISTA A JUDITH BUTLER Y BEATRIZ PRECIADO Revista Têtu: Beatriz, ¿de dónde proviene tu obsesión filosófica por el cuerpo? Beatriz Preciado: Durante la época en que yo estaba en un departamento de arquitectura, cuando estudiaba con Derrida, publiqué mi primer libro, que trataba sobre los consoladores, el Manifiesto contra-sexual, en Balland, dentro de una colección dirigida por Guillaume Dustan. Estaba obsesionada con la cuestión del cuerpo y de su materialidad, y tuve una conmoción al descubrir el análisis performativo de la identidad realizado por Butler. Su análisis cambió radicalmente mi manera de pensar los géneros y la sexualidad. Lo que yo quería desde el principio era tomar ese análisis y llevarlo al terreno de la corporeidad. Había comenzado a tomar testosterona y quería hacer un libro sobre una genealogía política de las hormonas, a partir de la obra de Judith y de la de Foucault. Se trataba de mostrar cómo nos hemos desplazado hacia un nuevo régimen de control y producción del género y la sexualidad. ¿Por qué quisiste experimentar la testosterona y contar esta experiencia en Testo Yonqui?Beatriz Preciado: En mi generación, contrariamente a la de Butler, la testo se introdujo brutalmente en los grupos gays y lesbianos y trans de tendencia anarquista. En España todos mis amigos comenzaron a tomarla. Yo siempre he tomado drogas, así que quería probar la testo pero al mismo tiempo no quería cambiar de sexo y firmar un contrato de reasignación sexual con el Estado, lo cual es más bien el proceso de los transexuales. Muchos pensaban que yo iba a convertirme en un hombre instantáneamente. Como si la hormona portara consigo la masculinidad. Políticamente, de hecho, las hormonas son un sistema de comunicación, de circulación, son una suerte de contaminación viral. Tomé mi cuerpo como terreno de experimentación. De ahí ese estilo de “autoficción”, pero no en el sentido que se le otorga hoy en día, el del pequeño Yo, confinado a lo privado. El cuerpo tiene un espacio de extrema densidad política, y eso es el cuerpo de la multiplicidad. Es lo universal en lo particular. Pero, está creciendo hoy en día el rechazar el marco médico y psiquiátrico, el cual hasta ahora definía la transexualidad. Se trata de resistir a la normalización de la masculinidad y de la feminidad en nuestros cuerpos, y de inventar otras formas de placer y de convivencia. Judith Butler: Lo que es importante es el discurso que se lleva sobre las hormonas y el poder que se les atribuye. Hablamos como de algo interno que actúa sobre nosotros y que se expresa en nuestras acciones, sobre las cuales nosotros no tendríamos ninguna decisión: “Lo lamento, son mis estrógenos, no mi cogito sino mis hormonas”, se oye decir a menudo. Claro, hay algo de verdad en este discurso, pero la verdadera cuestión es cómo se le ha constituido en verdad. Las hormonas producen una situación fisiológica, pero ellas son siempre interpretadas, consciente o inconscientemente, y las creencias acerca de la hormona “masculina”, la testosterona, resultan en esto ilustrativas.¿Sigues tomando testosterona hoy en día?Beatriz Preciado: Continúo haciéndolo de manera esporádica, con dosis muy lejanas unas de otras. Para mí, la testosterona es una droga sexual. No creo en la verdad del sexo, ni masculino ni femenino. Ni con la testosterona ni sin ella. El sexo y el género se producen en la relación con los demás. Como Judith lo ha mostrado, se tratan de actos. ¿Cómo funciona el concepto de biopoder de Foucault en el farmacopoder o farmacopornografía? Beatriz Preciado: Foucault ha hecho un análisis extremadamente interesante de la producción de las identidades en el siglo XIX por el discurso médico, la ley y también las instituciones de encerramiento. Estas arquitecturas externas venían a controlar, regular, disciplinar y medir la vida o biopoder. Lo cual ha permitido una comprensión extremadamente precisa del momento en que la identidad sexual ha sido inventada. También he estado siempre impresionada por el hecho de que Foucault jamás hizo una arqueología del presente, del cuerpo gay y lesbiano o de la normalización de la sexualidad contemporánea siendo que él conoció el feminismo, los comienzos del mundo gay y lesbiano, los Estados Unidos, San Francisco. Yo pienso que era muy complicado para un intelectual gay tener un discurso en primera persona en los años 70. Su análisis habría perdido credibilidad. Él dijo muy poco acerca de las técnicas contemporáneas de producción de las identidades como el cine, la fotografía, los medios masivos de comunicación, y absolutamente nada de la pornografía (excepto la del siglo XVIII). Mi objetivo era cruzar el análisis performativo de Judith con la arqueología crítica de los dispositivos disciplinarios de Foucault, y llevarlos al terreno del cuerpo, y de las tecnologías bioquímicas y pornográficas. Aquí es donde llegamos al farmacopoder. A partir de los años 40, el biopoder toma en adelante la forma del régimen farmacopornográfico, según mi lectura. El régimen disciplinario que coincide con la aparición del capitalismo industrial estaba basado sobre la represión de la masturbación. Básicamente, la masturbación era un desperdicio de energía dado que no sirve a la lógica de continuidad entre el sexo y la reproducción de la especie. Así, para vigilar el cuerpo, las técnica de control van a miniaturizarse después de la Segunda Guerra Mundial, con la invención de las hormonas las técnicas de control devienen interiores. Ya no necesitamos el hospital, el cuartel, la prisión, pues a partir de ahora el cuerpo mismo ha devenido el terreno de vigilancia, la herramienta definitiva. ¿Qué es lo que tomamos cuando se toma la testo o la píldora? Tragamos una cadena de signos culturales, una metáfora política que lleva consigo toda una definición performativa de construcción del género y la sexualidad. El género, femenino o masculino, apareció con la invención de las moléculas. A continuación, muy rápidamente, la pornografía se establece como nueva cultura de masas, y la masturbación deviene una palanca de producción del capital. La mano, que no tenía un género, como el ano, es ahora potentia gaudendi o fuerza orgásmica, herramienta de producción. Judith, tú has analizado la “melancolía del género” en tu trabajo, ¿encuentras que se halle en el libro de Beatriz? Judith Butler: Algunos psicoanalistas dirán que Beatriz se imagina todopoderosa, creída, ocupando todos los lugares, en su libro. Pero lo que yo encuentro muy interesante es que ella nos invita a un campo de experimentación entre dos extremos que son, por un lado, su posición y, por el otro, aquel de la diferencia sexual defendido por los analistas. Lo que resulta peligroso es pensar que la masculinidad es una cosa bien delimitada y la feminidad otra, y que ambas no pueden ser más que así. Asimismo, la melancolía de la que hablo aparece sobre todo en la formación de identidades rígidas. Si clamo golpeando con el puño: “¡Yo soy homosexual!”, u otra cosa, si mi identidad deviene algo que afirmo, que debo defender, hay entonces rigidez. ¿Cuál es la necesidad de fijarse de una vez por todas? ¡Como si yo conociera mi futuro, como si pudiera ser un todo continuo! Existen formaciones identitarias que se defienden de experimentar alguna perdida, y es ésta la melancolía del sujeto heterosexual que me interesa. Tomemos ciertas formas de hipermasculinidad o de hiperfeminidad en la cultura heterosexual, y tienen cierto aire queer (performativas) debido a que son hiperbólicas. Un hombre, por ejemplo, que tenga miedo de tener el menor rastro de feminidad en él, y que viva al acecho de cualquiera de ellos. En el mundo gay y lesbiano también puede haber una cierta “policía de la identidad”. Como si, en cuanto lesbiana, no seré sino lesbiana, no formaré sino sueños lesbianos, no tendré sino fantasías con mujeres. ¡La vida no es la identidad! La vida resiste a la idea de la identidad, es necesario admitir la ambigüedad. A menudo la identidad puede ser vital para enfrentar una situación de opresión, pero sería un error utilizarla para no afrontar la complejidad. No puedes saturar la vida con la identidad. Beatriz Preciado: Comencé el libro con un luto, la muerte de Guillaume (Dustan), y hoy en día, hago luto de la identidad, nunca seré verdaderamente lesbiana, ni verdaderamente un transexual, y este luto resulta liberatorio, en realidad. Habría podido decidir no tomar testosterona, pero eso habría resultado melancólico. La cuestión es cómo hacer luto de la política de identidad.
Tu libro Testo Yonqui es una utopía liberadora de los géneros y las sexualidades, y también la constatación nihilista de una época desastrosa para la ecología. ¿Cómo es la revolución realizable aún hoy en día? Beatriz Preciado: No concibo la revolución bajo la forma viril de la lucha, de la transformación heroica. Para mí, la revolución es aquello que forma parte del dominio de lo posible, únicamente en los micro-actos. Esta forma de microrrevolución es posible. Después, la cuestión última es cómo permanecer vivo en este mundo de guerra total en el que vivimos. Necesitamos una nueva política de la experimentación y no únicamente aquella de la representación. Yo milito por una “Propaganda for Queer Fucking”. Esta microrrevolución se da en los cuerpos, la experimentación, el sexo, el placer, el consumo de drogas. Hoy en día, a partir de Judith Butler y de Donna Haraway, se debe pensar de nueva forma la noción deloikos, del hogar, que es el cuerpo, el cuerpo global y la tierra, y es por eso que necesitamos un nuevo feminismo. Y es verdad que mi libro realiza quizá también luto del planeta, porque la constatación ecológica es muy alarmante. En Testo Yonqui, las mujeres son llamadas “putas”, “perras”. ¿No juegas un poco a la “machotransbollera”? Beatriz Preciado: Cuando digo “puta” o “perra” no hablo en ningún caso de todas las mujeres, sino de algunas chicas con quienes he follado. Y son ellas quiene me enseñaron a llamarlas así. Tú puedes imaginar bien que cuando llamo a Virginie Despentes mi “perra” es porque ella está totalmente de acuerdo… Cuando una mujer habla de la sexualidad de manera cruda es vista como masculina. Aquí, no es una fisura retórica para mí, es una manera de habitar el espacio público, y ya que está totalmente prohibido escribir de esta forma para una mujer, cuando te reapropias esos códigos en el lenguaje, generas una violencia, y yo, ¡reivindico ese lenguaje! Y luego, las mujeres de las que hablo retoman el insulto a su cuenta en una lógica de empowerment (reforzamiento de sí), eso que Judith llama el desplazamiento del insulto que cambia el sujeto de la enunciación que ya no es víctima. Así que prefiero perra a víctima para designar a las mujeres. Judith muestra muy bien que las nociones políticas con las cuales uno trabaja provienen del discurso política, jurídico, uno debe trabajar continuamente con nociones que son herramientas de normalización, esta tensión está constantemente presente. Tú no puedes hacer política de manera pura, hay siempre un momento en que puedes ser leído de manera diferente. ¿Qué sucede cuando una mujer se reapropia esos códigos de la masculinidad? Me gustaría que todos los verdaderos machos vinieran a mis talleres de drag king, follaran con las chicas con las que yo follo, vinieran a los cursos de Judith: ya no serán unos machos. Judith, ¿qué piensas tú de estos términos? Judith Butler: Muchas personas se aprisionan a sí mismas en todas esas categorías, butch, fem, lipstick, macho… ¿Para qué? Continúan actuando sobre nosotros constantemente, pero la cuestión interesante sería ver cómo actuamos con ellas, de una manera que no nos vuelvan ni víctimas ni aprisionadas. Apuesto a que Beatriz y yo hemos ofrecido un nuevo destino sexual a todas las feministas que desean una relación sexual con el macho dominante, pero que no soportan la subordinación social a los hombres. Lo que es importante es no dejar creer a los hombres el que poseen enteramente la masculinidad. Pero si sigue siendo pertinente hablar de dominación masculina, lo que resulta problemático es cuando se piensa que la dominación es aquello que caracteriza a la masculinidad. Un macho, en su estereotipo, es alguien que es incapaz de enfrentarse a su propia feminidad. Hablemos de la actualidad. Thomas Beattie, transexual estadounidense “female to male”, ha dado a luz este verano a una pequeña niña. Su embarazo ha sido presentado por los medios como el del “primer hombre embarazado”. Thomas Beatie nació primero como una chica. En su proceso de cambio de sexo tomó testosterona y se realizó una mastectomía. Ambos querían un niño, su compañera y él. Ahora bien, ella había tenido una histerectomía, por lo que no podía embarazarse. Thomas, él, tuvo siempre su útero de origen, por lo que decidió tenerlo. ¿Cómo leen este embarazo en la era de la reproducción cada vez más biotecnológica? Judith Butler: Para estar embarazada, es necesario tener ciertas funciones reproductivas operacionales, pero también técnicas. No es suficiente tener un aparato reproductor biológicamente femenino. La reproducción puede ser el resultado de una relación heterosexual, de una inseminación, o de una donación de gametos. Algunas mujeres tienen las funciones reproductivas, pero no son capaces de quedar embarazadas sin intervención técnica. Siempre existe la técnica, por todas partes, no hay relación sexual hetero u homo sintékne, la pornografía es una técnica. Ésta es una técnica: utilízame, haz de mí tu instrumento de placer, he aquí lo que es una relación sexual… De lo contrario, ¡no se te daría jamás! (Risas.) Beatriz Preciado: No es el primer transexual embarazado. Matt Rice, FTM estadounidense, tuvo a su hijo pero no lo mediatizó. Lo que es interesante es la publicidad de esta maternidad. Fueron los medios de cierta manera quienes hicieron posible la reproducción de Beattie. Si ha podido quedar “embarazado” es debido a que decidió rechazar la ablación de los ovarios que acompaña el protocolo de cambio de sexo. Ya que es necesario, para que la heterosexualidad continúe de aparecer como el marco natural en el cual el embarazo se desarrolla, hacer infértil al sujeto o al cuerpo transexual. Beattie prueba que el cuerpo es un campo de multiplicidad abierto a la transformación, su cuerpo no es ni masculino ni femenino, es un campo de implantación técnica en el cual pueden arribar cosas múltiples. Esta complejidad de técnicas aquí ligadas a la reproducción muestra que nuestros cuerpos son finalmente órganos tecno-vivos, y no materias primas u órganos puramente biológicos, independientes del lenguaje, de las metáforas, de los discursos. Hace mucho tiempo que, en el mundo industrializado, en la era de la píldora, de la follada hetero programada por Hollywood y por la pornografía dominante, ningún embarazo es natural. A finales de los años 60, había cerca de diez millones de consumidoras de la píldora, era la primera vez que un medicamento era prescrito sin enfermedad, y esta prescripción significa que el cuerpo femenino es disciplinado para ser maternal. Thomas Beattie es denunciado como lo antinatural, ya que sólo es una de las posibilidades entre miles de casos asistidos por las técnicas, y esto corre el riesgo de ser cada vez más frecuente. Otro punto muy importante de la actualidad estadounidense, el matrimonio acaba de ser abierto legalmente en California a los gays y a las lesbianas. ¿Qué piensan ustedes? Judith Butler: Es una buena noticia, la institución del matrimonio debería existir para todo el mundo, independientemente de la orientación sexual. Es justamente una cuestión de igualdad en un cuadro liberal y desde punto de vista de los derechos individuales. Pero eso no es suficiente. Yo no sé por qué la institución del matrimonio debería concernir solamente a dos personas. Y no olvidemos que la institución del matrimonio controla otros derechos (la nacionalidad, el derecho de propiedad, o el de la visita a tu pareja en el hospital) y esto es preocupante. El movimiento promatrimonio nació en respuesta a la crisis del sida, siendo su objetivo transformar a los homosexuales en ciudadanos respetables. Pero es también muy importante separar la posibilidad de contractualizar una unión —casarse— de la misma familia. Lo que me inquieta es que el movimiento gay ha devenido más conservador, centrado sobre los derechos individuales y la propiedad privada. Y esto me inquieta. Una novia, que es marxista, me ha prevenido por otra parte: si yo me caso con ella, ¡ella exigirá el divorcio! Tú has trabajado más recientemente sobre la guerra, la tortura en Guantánamo, y sobre aquello que define al humano dentro de este contexto. Si yo soy torturada en una prisión por ejemplo, mi consciencia puede todavía salvarse. ¿Podemos decir que eso es lo que queda de mí? Judith Butler: Imaginemos pues que estoy en prisión, aislada, en una posición que va en contra de mi voluntad. Queremos saber si queda algo intocable en el humano, que pueda escapar a ese poder coercitivo que hace que yo no sea libre. La cuestión sería más bien: ¿cuáles son los recursos del sujeto que permiten resistir a una dominación absoluta? En filosofía se piensa tradicionalmente que sólo las técnicas de resistencia del sujeto le pertenecen, o que están “en él”. Esto es una asunción metafísica, y es un obstáculo para pensar el problema de la resistencia. Tal vez soy capaz de resistir, debido a que recursos lingüísticos me han sido transmitidos. En otras palabras, el lenguaje, el pensamiento, la poesía, son recursos que me conforman, que me estructuran, y sin estos recursos culturales yo no podría oponer entonces técnicas de resistencia para sobrevivir. La cuestión sería más bien: ¿es un Yo quien resiste o es un agenciamiento —agency— de recursos a través del cual existe resistencia? Algunos prisioneros de Guantánamo han escrito poemas para resistir. Cuando leemos sus poemas, vemos huellas de su cultura poética que han reunido a fin de movilizarlos contra el poder estatal. La cuestión de fondo es entonces: ¿cómo el agenciamiento de técnicas del sujeto vuelve posible la supervivencia? No es necesario tomar el problema preguntándose qué libertad permanece en el sujeto, sino, más bien, ¿cómo la resistencia es posible? No puedes separar a esos sujetos de las técnicas que les hacen sobrevivir, si retiras estas técnicas ya no hay supervivencia. La verdadera cuestión es: ¿bajo qué condiciones un Yo puede entonces hablar? Traducción de la entrevista realizada por Ursula Del Aguila en noviembre de 2008 para la revista francesa Têtu (n° 138). Visto en http://artilleriainmanente.blogspot.mx

jueves, 22 de agosto de 2013

EL TERCER SEXO SE PRONUNCIA: NI HOMBRE NI MUJER, PERSONA


Las personas intersexuales han hecho oír sus reclamos: el Consejo Alemán de Ética recomendó al Estado reconocer sus derechos y proteger de toda discriminación a quienes no pertenecen ni al sexo masculino ni al femenino.
Tras un año de deliberaciones, el Consejo Alemán de Ética entregó al Gobierno su informe sobre la situación de las personas con desarrollo sexual atípico (DSD, sus siglas en inglés) y recomendaciones para proteger su integridad física, su identidad sexual y su identidad de género. No todos los aludidos se perciben a sí mismos como intersexuales; de ahí que el comité use el término DSD para referirse a quienes nacen con algún grado de androginia, es decir, con rasgos genéticos y fenotípicos tanto de hombres como de mujeres.
El Ejecutivo pidió al consejo que elaborara el reporte –este gremio independiente asesora al Gobierno y al Bundestag en cuestiones jurídicas, sociales, médicas y científicas– después de que una comisión de Naciones Unidas exhortara a Berlín en 2009 a proteger los derechos humanos de los intersexuales. Un año antes, la activista Lucie Veith había denunciado ante la ONU las circunstancias bajo las cuales las personas con DSD son prácticamente forzadas a someterse a dolorosos procedimientos para borrar de su anatomía todo rastro de ambigüedad sexual.
Los 26 miembros del Consejo Alemán de Ética asesoran al Gobierno y al Bundestag.
El comité de ética sopesó los argumentos a favor y en contra de operar a las personas cuyos genitales no son claramente masculinos o femeninos, prestando gran atención a los casos que pueden justificar una intervención quirúrgica temprana. Según el consejo, debido a su irreversibilidad y a los riesgos que supone para la psique y el cuerpo, esas cirugías sólo deben practicarse con el consentimiento explícito de los afectados o, si se trata de infantes, cuando el desarrollo sexual atípico ponga en peligro la salud o la vida del menor.
¿Dos sexos, tres, muchos o ninguno?
Para sacar a los intersexuales de su estado de indefensión, el Consejo Alemán de Ética recomendó asegurar el financiamiento estatal de sus asociaciones y grupos de autoayuda; documentar de manera precisa los tratamientos administrados, archivar esa información y ponerla al alcance de los pacientes durante cuarenta años; crear un fondo para la indemnización de daños físicos y psíquicos causados por operaciones que no se ajusten a los estándares médicos actuales, y, donde aplique, catalogar y castigar esos perjuicios como delitos contra menores.
Ya en noviembre de 2011 se debatió en el Palamento alemán sobre los derechos de los intersexuales.
Las secuelas de una cirugía indebida pueden manifestarse en la pubertad o décadas después. Teniendo en cuenta la cantidad de intersexuales que han perdido su capacidad de sentir placer sexual o de reproducirse tras ser operados, el consejo pidió postergar la fecha de prescripción de delitos por negligencia médica. El gremio puso énfasis en que el diagnóstico y el tratamiento opcional de las personas con DSD deben tener lugar en un instituto interdisciplinario especialmente concebido para ello, y en que la asistencia médica debe ser ofrecida por centros independientes, siempre con la asesoría de otros intersexuales y sus grupos de autoayuda.
Con miras a ofrecerles mayores posibilidades de identificación sexual en las actas de nacimiento y el registro civil, el comité sugirió agregar la categoría “otro” a las de masculino y femenino, y eximir a los intersexuales de proporcionar información al respecto hasta que se decidan por alguna de estas tres opciones. El consejo también invitó a los legisladores a determinar si es realmente necesario que el sexo de los ciudadanos aparezca en el registro civil. Este punto es controvertido por los retos que supone para otras áreas del derecho.
Se sugirió ampliar las posibilidades de identificación sexual en el registro civil: masculino, femenino, “otro”.
Como muestra, un botón: cuando se habló sobre el escenario hipotético de las uniones civiles integradas por al menos una persona registrada bajo la categoría otro, los miembros del Consejo Alemán de Ética no pudieron llegar a un acuerdo. Algunos votaron a favor de que el Estado las reconociera como matrimonios tradicionales, pero la mayoría opinó que bastaba con registrarlas como parejas de hecho (Lebenspartnerschaft), la misma figura que legaliza las uniones homosexuales. “Ese es un acto de discriminación flagrante”, dice Veith decepcionada, en entrevista con Deutsche Welle.
Décadas de indefensión
En 2005, cuando Veith comenzó a abogar por los derechos de las personas con DSD, la intersexualidad todavía era un tema tabú; muchos médicos recomendaban a los padres ocultar el asunto y criar a los pacientes en función del sexo que se les había asignado, contando –erradamente– con que sus identidades de género se alinearían por sí solas con las nuevas formas de sus genitales. Ignorando que su condición tenía mayor prevalencia de la que podían imaginar, los intersexuales se sentían aislados e impotentes. Según el estamento médico, no hay más de 10.000 personas con DSD en Alemania; los grupos de autoayuda aseguran que hay entre 80.000 y 120.000.
Lucie Veith, activista de derechos humanos y presidenta del grupo Intersexuelle Menschen.
Aunque los médicos son más reservados actualmente a la hora de “convertir” a un intersexual en un varón o una hembra, miles de personas con DSD han sido sometidas a operaciones y tratamientos desde mediados del siglo XX para eliminar su androginia. No son nada raras las intervenciones en las que testículos y ovarios sanos son extraídos, penes “demasiado pequeños” o clítoris “demasiado grandes” son amputados, y genitales ambiguos son reconstruidos para que adquieran un aspecto claramente masculino o femenino, sin considerar la verdadera identidad de género de los afectados.
Tampoco escasean los testimonios en los que intersexuales comparan esta “castración sistemática” con la ablación de clítoris, practicada ritualmente en algunas regiones del mundo por razones culturales o religiosas y no médicas. Por tener lugar durante la infancia del paciente, muchas de estas cirugías se consuman con el consentimiento de sus padres, quienes se ven en el dilema de elegir entre el derecho del menor a un cuerpo intacto y el deseo de que su hijo se desenvuelva sin problemas en una sociedad que sólo acepta dos sexos.
En 2007, la película “XXY”, de la directora argentina Lucía Puenzo, trató el tema de la intersexualidad.
Numerosas operaciones se llevan a cabo a sabiendas de que los pacientes pueden perder la capacidad de experimentar placer sexual, parcial o totalmente, o de que la extracción de sus gónadas los hace dependientes, de por vida, de tratamientos hormonales que, a su vez, generan nuevos problemas de salud. En un estudio del Centro Médico Universitario Hamburgo-Eppendorf, un alto porcentaje de los encuestados atribuyó a estas cirugías sus severos malestares psíquicos, sus tendencias suicidas y sus inseguridades de cara a la propia identidad de género.
El desarrollo sexual atípico, un tema complejo
“El pronunciamiento del Consejo Alemán de Ética es un signo positivo, otro hito en el camino hacia el pleno reconocimiento de los derechos de los intersexuales”, concede Veith, presidenta de la asociación civil Intersexuelle Menschen. Sin embargo, Veith, quien prefiere hablar a título personal y no como vocera del grupo que lidera, no está satisfecha con todas las recomendaciones hechas por el comité. A sus ojos, la moción de este gremio constituye “tres pasos hacia adelante y uno hacia la derecha”.
Michael Wunder moderó las deliberaciones del consejo en torno al tema “intersexualidad”.
“El comité debería haber conminado al Estado a tomar medidas legislativas más contundentes para proteger la integridad física y psíquica de los intersexuales, que es, al fin y al cabo, lo que está en peligro cuando sus genitales son mutilados. Esa responsabilidad terminó de nuevo en manos de los médicos”, lamenta Veith. “Además, aunque enfatizó el derecho de los intersexuales a la autodeterminación, el comité dejó prácticamente desprotegidos a quienes presentan hiperplasia suprarrenal congénita (HSC)”, sigue la activista.
En el pronunciamiento de este 23 de febrero, el consejo estableció que, cuando el sexo de una niña puede determinarse sin lugar a dudas, a pesar de que el aspecto externo de sus genitales es ambiguo –como en el caso de las niñas con HSC–, ésta debería ser operada tempranamente para que su anatomía concuerde con su sexo. La polémica decisión hace evidente la complejidad del desarrollo sexual atípico: éste tiene distintas manifestaciones y cada una de ellas trae consigo implicaciones diferentes.
Bianca Claße, de la AGS-Initiative, el grupo que representa a los padres de personas con HSC.
Para Bianca Claße, madre de dos niñas con HSC e integrante de una asociación que actúa como portavoz de los padres de personas con hiperplasia suprarrenal congénita, el marco legal vigente es óptimo porque permite “corregir” quirúrgicamente los genitales masculinizados de infantes cuyo sexo femenino está claramente determinado por los cromosomas. Claße dice no estar en contra de que se reconozca la existencia de un tercer sexo, pero insiste en que “esa identidad debe ser elegida libremente por cada quien”.
El debate en torno a las operaciones
Aunque admitió que la decisión de operar a una hija no es fácil, Claße culminó su intervención ante el Comité Alemán de Ética señalando que la “corrección” de los genitales externos de las niñas con HSC les ahorraba el sufrimiento causado por el rechazo social y la sensación de ser “diferentes”. “Muchos intersexuales dicen haberse sentido así cuando eran pequeños y atribuyen sus depresiones a esa experiencia. En comparación, la reducción del clítoris y la cirugía plástica de la vagina entrañan peligros menores”, sostuvo Claße.
Diana Hartmann, una de las pocas personas con HSC en Alemania que nunca han sido operadas.
Diana Hartmann, de Hamburgo, ha sufrido la exclusión social en carne propia, pero no comparte la opinión de Claße. A su juicio, no es el cuerpo humano el que debe adaptarse a la noción binaria que la sociedad tiene de la sexualidad; es ésta la que debe abrirse a la diversidad: “No hay espacio para mí en esta sociedad, ni como intersexual, ni como mujer masculinizada, ni como hombre afeminado. Yo quisiera que ella nos acogiera con respeto en lugar de tratarnos como mutantes, enfermos o extraterrestres”, comentó.
Hartmann es una de las pocas personas con hiperplasia suprarrenal congénita en Alemania que nunca han sido operadas; de ahí la relevancia de su testimonio ante el Consejo Alemán de Ética. Su llamado: “Que se nos libere de las garras de la ciencia y se nos acepte en el corazón de la sociedad tal como somos; es ahí donde pertenecemos”. Veith la secunda cuando dice: “Ser intersexual no significa estar enfermo; la intersexualidad es una vertiente más del desarrollo sexual humano”.
AI: “El bienestar de un niño tiene mayor rango que el deseo de sus padres de tener un hijo ‘normal’ ”.
Amnistía Internacional está por publicar un comunicado para dar a conocer su posición en lo que a los derechos humanos de las personas intersexuales se refiere; su premisa básica ya ha empezado a circular por algunas de sus delegaciones en Alemania: “un niño intersexual sólo debe ser operado y sometido a tratamiento si esas medidas son consideradas necesarias por razones médicas; el bienestar de los niños tiene mayor rango que el deseo de sus padres o representantes de tener un hijo ‘normal’ ”, reza parte de ella.
Un asunto de derechos humanos
“Lo ideal sería posponer las intervenciones quirúrgicas hasta que el intersexual tenga edad suficiente para consentirlas y decidir por sí mismo si someterse o no a tratamiento”, continúa la directriz de Amnistía Internacional. “Nosotros no distinguimos entre los casos de intersexualidad y los de HSC, sino entre los argumentos médicos y no médicos expuestos para justificar operaciones tan delicadas”, señala Ben Reichel, vocero del capítulo hamburgués de Queeramnesty, el grupo de Amnistía Internacional enfocado en temas de orientación sexual, identidad sexual y de género.
“Todavía no tenemos estadísticas que nos permitan conocer las circunstancias en las que viven los intersexuales fuera del mundo de habla alemana. Asociaciones de intersexuales y grupos de autoayuda de Alemania llamaron nuestra atención hacia la violación de sus derechos humanos y nosotros tuvimos que investigar sobre el tema durante medio año porque la información estaba desperdigada. Sin embargo, no tardamos mucho en percatarnos de la gravedad de la situación y de que el Estado estaba tolerando esas violaciones”, explica Reichel.
Consultada sobre la posibilidad de que el registro civil alemán admita una tercera posibilidad de identificación sexual, aparte de masculino y femenino, Veith responde: “Yo creo que sería muy bueno porque pondría fin, de un solo plumazo, a la patologización de los intersexuales”. Veith, quien se define como una “mujer XY” –una mujer con cromosomas masculinos–, ofrece asesoría a los padres de niños intersexuales, insistiendo en que una vida entre ambos sexos, llena de amor y respeto, es posible.
Autor: Evan Romero-Castillo
Editor: José Ospina-Valencia

lunes, 19 de agosto de 2013

Rasgos psicológicos del maltratador y espiral de abuso

La repercusión del maltrato y de la violencia contra la mujer produce toda una serie de traumas o secuelas psicológicas que llevan a caer en la llamada “espiral del abuso”. En la Ley de Violencia de Género* sólo se reconoce los malos tratos del hombre a la mujer y no de modo contrario. Aunque el ciclo de maltrato puedan producirse a la inversa, con mucha menos frecuencia, las repercusiones -desde luego- no son tan graves. No todos los hombres son maltratadores y, más que proyectar una hostilidad generalizada contra ellos, la cuestión sería aprender a reconocer -desde el principio- los rasgos del maltratador antes de caer en sus redes. Nuestro lema es Prevenir y denunciar.
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La espiral del abuso o el maltrato no es fruto de ninguna enfermedad o algún tipo de adicción, sino de un sistema social basado en la desigualdad, en un sistema de abuso de poder, de dominación, que afecta a todos los grupos sociales. El maltratador comienza habitualmente con el maltrato psicológico, con el acoso a su víctima, que consiste en ir aislando progresivamente al sujeto de su entorno social o cultural, en ir reduciendo su autoestima para transformarla en un ser dependiente, en una persona insegura y bloqueada. Una vez en la red es difícil de salir, las propias víctimas lo manifiestan: “al principio él era muy cariñoso pero poco a poco empezó a cambiar y se volvió un hombre posesivo, celoso y controlador”; “Él me dice que estoy fea, que tengo un cuerpo gordo, no me deja salir con mis amigas a tomar nada, sólo a sus cumpleaños”; “Me reprende y me trata como una niña, hasta que terminado considerándome torpe e insegura y me ha costado tiempo recuperarme”. El maltratador abusa de su poder físico o económico y, en ciertos casos, la mujer se deja maltratar adquiriendo un sentido de culpabilidad similar “al síndrome de Estocolmo” en el que se otorga la responsabilidad de evitar conflictos o situaciones que conlleven una ruptura matrimonial. El principal motivo que retiene a la víctima es el temor a las represalias, la dependencia económica y el miedo a perder a los hijos.

El ciclo del maltrato generalmente comienza en la infancia del propio acosador que también ha sido maltratado, la espiral de violencia es generacional, probablemente en un entorno en donde la violencia verbal o física -o ambas- son medios para obtener fines. La raíz del problema es el miedo, el miedo al abandono que surge en la infancia, que en el adulto se transformara en un sofisticado mecanismo de control, los celos, pasar de controlado a controlador. La desconfianza en el otro nace de la desconfianza en uno mismo: ” Empezó primero con unos celos infundados por cualquier cosa, una llamada, un retraso inesperado por el tráfico, etc”.
Rasgos del maltratador:

1- Es posesivo, exigente y dominante. Tratará de alejarte de tu familia y de tus amigos incomodándolos, hasta el punto de transformar tu personalidad, para privarte de apoyo externo y hacerte dependiente. Mediante la violencia aspira a ejercer el poder y control absoluto sobre su pareja, sobre lo que haga, sobre sus pensamientos y sentimientos más íntimos.

2. Es egocéntrico. El mundo gira a su alrededor, es manipulador y nunca reconoce sus errores. La mujer es un satélite importante sólo bajo su control, en el momento que tome independencia mostrará sus rasgos violentos.

3. Mal temperamento. El enfado, las pataletas infantiles, las amenazas a otros, las peleas contra su entorno justificadas o no, poco a poco, se volverán contra ti.

4. Tendencia a ridiculizarte o humillación pública: Para mantenerte bajo control te insultará o dirá cosas hirientes sobre ti delante de otras personas para destruir tu confianza. Constantemente hará pasar por fallos rasgos personales que en si no son errores, dejándote con la sensación de que siempre estás haciendo algo mal.

5. Controlador o control paranoide, piensan que los demás se van a aprovechar de ellos. Necesidad obsesiva de controlarte a base de preguntas bien ordenadas destinadas a buscar contradicciones. El maltratador te vigilará y querrá saber en todo momento dónde estás y con quién estás. Ya que considera a la mujer como una posesión suya y no como una persona con vida propia.

6. Violento y agresivo. Empezará poco a poco, rompiendo cosas, golpeando las paredes hasta que golpee contra ti. Déjalo de inmediato y denuncia.

7. Apego infantil. No tardará mucho en querer comprometerse y desear casarse. El enamoramiento rápido es signo de superficialidad, de conexiones superficiales.

MALTRATADOR DE PERSONALIDAD EGOCÉNTRICA.



Este tipo de maltratador no es capaz de sentir emociones hacía su pareja y por ello es incapaz de que la relación perdure en paz, por falta de empatía con su compañera.

 En ocasiones, los pocos sentimientos afectivos que genera el maltratador no los manifiesta o quedan apagados por su compulsiva necesidad de ser admirado. En realidad, esta necesidad de ser reconocido, esta omnipotencia, esta vanidad, es un mecanismo de defensa para ocultar su enorme inseguridad, que nace de una imagen distorsionada de sí mismo, de una imagen de superioridad que no corresponde con la realidad, en muchas ocasiones proyectada sobre ellos en la infancia por sus padres, que han generado unas expectativas sobre el niño demasiado elevadas. Todo esto se traduce en agotadores esfuerzos por lograr la admiración de los demás.

Descalificar al círculo de la víctima o a los que considera sus competidores, forma parte de su necesidad compulsiva de destacar. Se siente superior a la masa, expresión de sus sentimientos de grandeza, de sus capacidades exageradas alabadas por su séquito, por sus seguidores. Porque sabe rodearse de un círculo de admiradores ante los que es impecable, intachable, y que ignoran la violencia interna que proyecta en su víctima.

Aunque no es capaz de empatizar con las emociones de su víctima, sí es capaz de generar admiración en ésta con su locuacidad, con su atención y su entrega inicial para atraparla en su red de violencia.
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El maltratador elige a su presa, a una mujer que esté en un momento vulnerable, en un estado emocional debilitado.

Una vez que ha caído en sus redes comienza la fase de absorción, aislándola de su entorno, creando un estado de dependencia emocional. Lo que se traduce en que la maltratada está sujeta sólo a los intereses del maltratador, a su agenda; ella es ahora un mero satélite cautivo a su alrededor. En la siguiente fase, la de la explotación, el maltratador instrumentaliza a su pareja todo lo posible, al servicio de lo que necesite, al servicio de su comodidad, de sus caprichos –aunque sean absurdos-, a través del terror psicológico y maltrato físico. Cuando ya ha anulado su voluntad y han caído todos los muros defensivos, aparece la violencia, el terror y el desconcierto de la víctima, que dependiente emocionalmente, no ve una salida, no puede pensar por sí misma y no es capaz de predecir el siguiente ataque. La fase final es la liberación, cuando la mujer logra escapar de los mecanismo de dependencia. La denuncia y la ayuda psicológica es importante para lograr salir de la fase de explotación característica de la violencia de género.

Pero por desgracia, la fase de liberación no siempre llega, o si llega puede durar poco si cae en la espiral del abuso o el ciclo del maltrato, que se manifiesta con excusar al maltratador y justificar sus acciones para llegar a la fase de la reconciliación o “luna de miel”, donde los incidentes han sido perdonados por la víctima. Pero pronto llegará de nuevo la tensión, en la que la mujer maltratada siente la necesidad de apaciguar la situación haciéndose responsable. A continuación llegará el incidente, con el abuso verbal o emocional en forma de enfado, acusaciones, discusiones, amenazas e intimidación, y el círculo se completa volviendo a la reconciliación. “El eterno retorno”.

Una vez dentro de la red es difícil salir sin contar con la ayuda de un profesional en el área de la psicología, ya que incluso la mujer, en muchas ocasiones, retira la denuncia bajo ese estado psicológico.

La solución siempre es la denuncia y disponer de un buen abogado especialista en violencia de género.
Rasgos psicológicos del maltratador y espiral de abuso. Disponible en: